domingo, 3 de enero de 2010

Gotas frescas en el fuego de la piel...


Y ella se sentaba pensativa

mientras las cristalinas gotas de agua

recorrían suavemente su piel pálida...


Notó el calor subiendo desde el confín de su cuerpo

y llenando cada rincón,

cada pulgada de su ser

hasta hinchar el corazón

con la ardiente pasión

que desataba su violencia carnal...


Y deshecha en fieros besos de calor

se entregaba como una flor

ante las gotas de lluvia dulce,

que la refrescaban y

le daban la vida...


Y entonces mil truenos sonaron al unísono,

su desenfreno se hizo huracán

... y volvió a la paz del despertar,

a la paz y al desencanto,

pero también a la tranquilidad.



Irene.Ibáñez.Campillo.

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