jueves, 23 de julio de 2009

Nuestros Dos Mundos


Para sumirme en el arte, para ser capaz de escribir, de sentir, necesito trasladar mi yo a un estado mucho más inmaterial donde mis instintos más animales hayan sido alejados.

Acercarme a mi lado más humano. Cruzar esa frontera es delicado, el mundo de los sentimientos te deja expuesta a los golpes de las reflexionas sin ningún tipo de coraza. Dejas tu mente más expuesta, más receptiva, pero también más vulnerable.

Un riesgo que se debe asumir. Que te hace pertenecer a un grupo…bohemio. Desintoxicarse de vez en cuando es, posiblemente, necesario. Pertenecer constantemente en nuestro mundo más inmaterial puede llevarnos a la autodestrucción.
Como todo, se necesita un término medio.

Ese segundo mundo nos lleva a evolucionar como personas, pero en extremo, puede llevarnos a la automarginación, a la depresión y de ahí, a nuestro final.

Me he dado cuenta por mis continuos cambios de mundo. Hay un grupo de gente que se limita a ver desde fuera las experiencias de los que se atreven a adentrarse en ese bosque de pensamientos, otros son tan adictos al segundo mundo que ya perdieron de vista la frontera y se ven incapaces de volver a cruzarla con la frecuencia necesaria. Un tercer grupo, en el que ojala perteneciera la mayoría de la gente, cambia de mundo una y otra vez. Son viajeros entre el mundo de las ideas y el mundo material a los que Platón hacía referencia.

IRENE IBÁÑEZ CAMPILLO.

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