
El príncipe azul... ¿se fue?
Hace tiempo que pensé que el principe azul dio un portazo al corazón y se largó para no volver. Creo que muchas nos hemos visto en esa situación en el que todo el romanticismo voló con el viento y comenzamos a practicar una filosofía hedonista en nuestra vida. Arrugamos la foto de nuestro querido encantador y haciendo una bolita de papel la arrojamos al vacío. Pensamos no volver a necesitar besar aquella celulosa de nuevo, a suspirar cada vez que vemos esos perfectos iris que nos miran, a llorar otra vez por el mismo motivo. Hay un momento en el que las mujeres, decepcionadas con la falsedad del cuento que nos han contado toda nuestra vida, arrancamos cada página de aquellas historias con finales felices. Decidimos no volver a llorar por un hombre. A congelar nuestro corazón y a detenernos sólo a disfrutar... ¡qué para eso está la vida! Pero puede que en alguna ocasión, por un reencuentro crucial en la calle de la más poblada ciudad, o limpiando antiguos cajones ya olvidados, sacando objetos del baúl de los recuerdos de Karina... nos damos cuenta que un corazón de frágil hielo es más fácil de romper que uno de puro fuego.
Dicen que el tiempo pasa, que no hay marcha atrás. Que se va sin avisar, que ya no hay vuelta de hoja, que se hace tarde. Que el reloj de nuestra vida comienza a sonar cada vez con más dificultad, que debimos coger las cosas a tiempo... pero ¿cuándo están marcados los límites, o las oportunidades en el amor?
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde...
... Yo pensé que la había perdido hace ya varios años y sin embargo, volviendo a recordar los viejos tiempos comienzo a añorar aquella etapa de la vida (aquella a la que llaman rosa pero que realmente está teñida de miles de distintos colores) en la que la ilusión colmaba cada momento y mi corazón latía con cada recuerdo de un amor. Aqulla etapa donde un beso podía decirlo todo y no se había convertido en una moneda de cambio. Y lo añoro... y resurge de nuevo una llama dentro de mi que me dice que la esperanza se ha empequeñecido pero que no ha suspirado aún, que sus llamas continúan en el interior del corazón.
Quizá el principe azul se fue, pero ver su foto renueva las esperanzas. Quizá el príncipe azul no vuelva, pero es su recuerdo el que nos hace volver a intentarlo. Quizá ese sea el papel del príncipe azul. Del primer amor. No ser perfecto y eterno como en los cuentos de hadas, sino recordarnos que nunca podemos darnos por vencidos en la batalla del amor.

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